Una vez caminaba por la calle, algo triste y anonadado por las circunstacias que atravezaba. Me había encontrado con unas amigas y a pesar que reímos no cambiaba mi ánimo, bueno al menos lo disimulaba bien. Aún así, que no podía hallar tranquilidad, me fui un ratito a internet, revisé mensajes y de igual manera, había recibido mensajes de quien yo quería leer pero no me sentía muy bien. Fue una semana de esas en las que dices "qué puede ser peor".Ya de regreso, 9:30, conté los únicos centavos que tenía. Al caminar vi a un cojo tirado pidiendo limosna, había avanzado ps cuanto, dos metros o algo así y me afligi mucho, creo que la aflicción fue más que mis propias ideas, me acerqué, saque el 0.50 céntimos que tenía y se lo regalé, qué más podía hacer si estaba ahí sin los recursos para poder defenderse por si mismo.Esto me hizo entender que todos atravesamos por lo mismo en circunstancias diferentes. De modo que no me alegré por tener manos y pies, sino porque al menos supe que no soy el único que sufre, llora y hasta llega a sollozar, que no soy el único a quien sus amigos que creía fieles lo han abandonado, pues aquel hombre sin familia tenía que buscar su propio bienestar y sustento; esta lección me lleno mucho de ánimo porque aquel señor luchaba por sobrevivir y eso quiere decir que yo también debería luchar.Éso fue lo que aprendí y me dio nuevas fuerzas para seguir. Pero más que todo, me llenó de mucha alegría haberle podido ayudar con lo que podía, olvidando el egoísmo y ese viejo dicho "y a mí quién me ayuda". Después de esta experiencia recién pude sentirte alegre y con nuevas energías para seguir mi duro camino. Mi fe esta asida en Dios al igual que la de ese valiente hombre.
domingo, 20 de abril de 2008
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